El pachuco y otros extremos.

Por Igor Brim.

Hoy un familiar me ha pedido que le describiera la plaza de Garibaldi, haciendo memoria para recordar cómo es (llevo muchos años sin verla), me vino a la cabeza esa reflexión de Octavio Paz sobre los extremos de la mexicanidad de los años 50, el pachuco.

Imagen Pachuco

De origen mexicano, en el sur de los Estados Unidos el pachuco perdía su identidad.

Es cierto que echo de menos muchas de las cosas que mamé en mi infancia; música, literatura, danza, arte y desde luego, la impresionante gastronomía del país, pero, poniendo en una balanza el alto coste del peaje mi frágil mexicanidad sucumbió estrepitosamente.

La corrupción moral que asumimos tan impunemente en la rutina esa que de no practicarla de a poquito día si día también, es la que tristemente, chilango o jarocho, tapatío o queretano, te permite, o no, avanzar y llegar a tus objetivos.

«Señor, necesito entregar el acta de nacimiento el martes ¿podrían Ustedes sacarme una rapidito nomás, no se, como de mil pesitos?». Tal vez sea que el pobre desgraciado malafacha del burócrata que tienes enfrente, no llega a la quincena, su pedo del día tres dejó su cartera como chucho del metro balderas, hambrienta los doce días restantes, y entre su mísero salario y que tu, imprudentemente dejaste lo del visado hasta el último momento, se forma la ecuación perfecta, acudes a la magia divina: mil pesitos.

Digo en voz alta que todo el valemadrismo, el estoy bien jodido y por eso chingas a tu madre tu primero, me duele y muy profundamente y si, esa es la razón por la que tal vez egoistamente, puse agua de por medio.

Una noche en particular, había estado habitando mi domo felizmente, escuchando tal vez ¿Brahms? ¿Tchaikovsky? recuerdo a la violinista, Nadja Salerno-Sonnenberg, en el Palacio de Bellas Artes, al terminar el concierto me subí al metro, mi destino avenida División del Norte, Letrán Valle, de repente, así sin más al llegar al trasbordo, no recuerdo el nombre de la estación, me vi solo en la calzada de Tlalpan ¡el metro cerraba! no se ni que hora sería, tomé el primer taxi que se cruzo en mi camino y llegué, pero a avenida Taxqueña y eje 9 sur, descalzo después de ser encañonado en la cabeza por un supuesto policía judicial que en vez de detener cacos buscaba zapatos nuevos, chamarra y baro para pagarse sus pinches vicios; mi domo tenía unas grietas enormes, no me pude fiar nunca más de el.

He leído en una opinión anónima, de que la riqueza de la canción Chilanga Banda de Café Tacuba es su letra y si es de una riqueza enorme: describe esa soledad del chundo, del cholo pachucote, del chichinflas y sus monalisas a los que les han rechazado sus solicitudes de admisión en el ridículo clasismo social que gobierna más que el gobierno del estado mexicano.

Nación de bravos, de ley del talión, del que no tranza no avanza, mi México, ¡cómo me duele! con tan poco serías tanto y tan libre ¿de verdad es tan difícil?

Curruptos hay por do quier, rubios y de ojos verdes o azules, mujeres guapas y hombres galanes, pero negar que el talento no tiene color, ni etnia, ni clase social es inaceptable para una democracia auténtica: prima la belleza vana, si no se posee se compra y si aun así no se puede, pues ni modo, al cabo que ni quería.

Luché y mucho, intenté que se respetara que el talento es lo que importa; ¿no fue Benito Juárez Presidente y guapo que digamos no era, o Merkel la Primera Ministra de Alemania, o Theresa May?

¿De verdad es tan difícil? Mi frágil mexicanidad se quedo hecha añicos en el fondo de mi corazón, los trocitos me pinchan, hacen daño, mientras que, la chilanga banda va tranzando de arriba a abajo.

*»Ya chole chango chilango,
que chafa chamba te chutas,
no checa andar de tacuche
y chale con la charola.
Tan choncho como una chinche,
más chueco que la falluca,
con fusca y con cachiporra
te pasa andar de guarura.
Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.
Si choco saco chipote,
la chota no es muy molacha,
chiveando a los que machucan
se va en morder su talacha.
De noche caigo al congal
¡no manches! dice la changa,
a choro de teporocho
en chifla pasa la pacha.
Pachucos, cholos y chundos
chichinflas y malafachas,
acá los chompiras rifan
y bailan tibiri tabara.
Mejor yo me echo una chela
y chance enchufo una chava,
chambeando de chafirete
me sobra chupe y pachanga.
Mi ñero mata la bacha,
le encanta la cucaracha,
su choya vive de chochos
de chemo, churro y garnacha.
Pachucos, cholos y chundos
Chichinflas y malafachas
Acá los chompiras rifan
Y bailan tibiri tabara.
Tranzando de arriba a abajo
ahí va la chilanga banda,
chin chin si me la recuerdan
carcacha y se les retacha.»
* Chilanga Banda, Rubén Isaac Albarrán Ortega

Publicado por Igor Brim

El fin no es el sistema, el sistema es el medio para llegar al fin. El fin es el legado.

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